El articulo sobre la Innovación de las redes sociales hecho por varios autores, nos dice que la velocidad inherente a las
comunicaciones digitales, unido a la sobreabundancia
informativa disponible en la Red, puede ocasionar
reacciones emocionales negativas cuando la persona carece
de herramientas o habilidades para asimilar correctamente
ese volumen excesivo de información. “Tecnoestrés”
(Brod, 1984), “ansiedad informativa” (Wurman, 1989) e
incluso aburrimiento (Klapp, 1986) son algunas de las
patologías descritas por la bibliografía científica, y que
ponen de manifiesto la necesidad de adoptar un consumo
mediático responsable y saludable (Serrano-Puche, 2013). No podemos, ni debemos generalizar la problemática
de estas tecnologías, pero si tenemos la obligación ética,
moral y profesional de intentar canalizarlas adecuadamente
entre la población más joven. Sabemos positivamente cuáles
son los factores de riesgo y de protección para afrontar una
posible adicción a las redes sociales virtuales y por ello
tendremos que poner en marcha los mecanismos que
posibiliten que siga avanzando la tecnología y que sigan
disminuyendo los potenciales peligros que esta conlleva.

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